domingo, 14 de noviembre de 2010


CÉSAR VALLEJO, POETA REBELDE

El 16 de abril se cumple el veinticinco aniversario de la muerte de César Vallejo, acaecida en París en 1938, después de haber agonizado largamente con los reveses de la revolución española y las traiciones y la vileza del stalinismo.

Vallejo sobre todo fue un poeta. Llevó, en frase enérgica, fulgurante y bella, a la literatura la tristeza inconsolable del indígena; tristeza que no es producto telúrico, como piensan algunos, sino el resultado de siglos de explotación y de ignominia.

En "Tungsteno" nos presenta el antagonismo entre la alegría de los campesinos del comunismo primitivo y la tristeza y el
dolor que les anima cuando se convierten en proletarios y en parias perseguidos por el gamonalismo y por los trust imperialistas. Para gloria de la poesía latinoamericana eleva al indigenismo a las más altas cumbres y, por esto mismo, no cae en el folclorismo. Nadie mejor que él demostró que la revolución es el punto culminante de la belleza y de la poesía.

Fue discípulo de J. C. Mariátegui, su vida es un ejemplo de incondicional adhesión a la causa del pueblo y del proletariado.

Que sepan los que engordan traficando con la palabra del comunismo, Vallejo dio todo al movimiento revolucionario y no pidió nada, ni siquiera el halago ni la crítica de compadrerío. En cierta ocasión escribió "soy harto avaro de mis cosas inéditas", porque sabía bien de la mezquindad y chatura de los literatos profesionales.

El stalinismo ha creado una nueva impostura al sostener que el peruano César Vallejo era uno de sus parciales. El poeta revolucionario, como todo inconformista, era orgánicamente un enemigo de la corrompida burocracia. Al igual que para Mariátegui, para él Rusia siempre estuvo unida a los nombres de Lenin y de Trotsky, esto incluso en la época de la histeria anti-trotskysta.

Él y su maestro habían bebido los principios de la teoría del arte en los escritos de ese gran estilista que era León Trotsky, al que siempre, a pesar de todo el lodo que echaba la burocracia, supieron rendir el debido homenaje. Constituye un ultraje sostener que Vallejo hubiese tenido siquiera ligeras simpatías hacia la burocracia. Sabemos que los epígonos del Kremlin saben, con ayuda de su poderosa maquinaria de publicidad, aprovecharse de los muertos y prostituir su obra. Existen testimonios evidentes del anti-stalinismo de Vallejo.

En 1931 publicó su libro "Rusia en 1931, reflexiones al pie del Kremlin" y la nota editorial sostiene enfáticamente "Vallejo no tiene ninguna relación más o menos escabrosa con las instituciones soviéticas. Por eso los juicios que da en esta obra son los libres e imparciales de todo hombre honrado" (lo que viene a destruir el extremo de su dilación stalinista). este importantísimo documento -no es casual que las grandes editoriales de la burocracia no lo hubiesen reeditado jamás- contiene agudas observaciones acerca de los lados negativos de la URSS: de su incipiencia técnica; de los obstáculos creados por la creciente burocratización, etc. Cuando habla de los grandes hombres cita a Trotsky (página 134). Cuando habla de la economía soviética recurre a Lenin y Trotsky: "hay que tener mucho cuidado -decían ya Lenin y Trotsky durante el comunismo de guerra- con aquello de capitalismo de Estado..." (página 138). Se mantiene fiel al marxismo cuando sostiene "que mientras el Estado exista, la libertad será imposible" (página 144). Al justificar a los métodos de la revolución vuelve a Trotsky: "Una revolución sin terrorismo -­ha dicho Trotsky- no es una revolución" (página 152).

Sus bellos poemas no contienen ni siquiera una alusión a Stalin, "el genio de la poesía", según los sirvientes de la burocracia.

Que sepamos nunca el stalinismo atacó a Vallejo; simplemente lo soportó, como soporta actualmente a ese gigante de la pintura que es Picasso.

La grandeza de Vallejo se agiganta frente al servilismo de los escribas a sueldo del stalinismo. César Vallejo es el revolucionario rectilíneo frente a la obsecuencia y la volubilidad de Neruda, por ejemplo.

De "Masas" - N° 210, La Paz, 9 de abril de 1963

No hay comentarios:

Publicar un comentario